LOS RÍOS DE ANDALUCÍA

Andalucía cuenta con una extensa red hidrográfica, de aproximadamente unos 46.000 Km., estando el 62% de la misma dentro de algún espacio protegido.  Nuestra región cuenta con cinco grandes cuencas intracomunitarias definidas con el fin de facilitar la gestión los ríos andaluces: Guadalquivir, Segura, Guadiana I, Mediterránea Andaluza y Atlántica Andaluza. 

Tradicionalmente se han considerado a los ríos como corrientes de agua continua más menos caudalosas que van a desembocar en otras corrientes de este tipo o en el mar. Desde una perspectiva genérica nos referimos a corrientes de agua naturales como ríos, arroyos, manantiales...   

Pero un río es mucho más.  

Estas corrientes son algo más que un espacio o un volumen de agua ya que cumplen múltiples funciones como transportar agua y materiales sólidos, soportar hábitats en los que viven numerosas comunidades animales y vegetales, funcionar como corredores ecológicos, proporcionar belleza a los paisajes y servir de lugar de ocio.

También debemos destacar el papel fundamental que han jugado en el desarrollo de las poblaciones humanas que se han abastecido de su agua, se han servido de sus suelos fértiles, han sido usados como fuente de energía...

 

La calidad de las riberas andaluzas presenta valores intermedios, pues se equilibra el porcentaje de ríos con riberas degradadas y conservadas. Según el Plan Director de  Riberas de Andalucía el 17% de las riberas no presentan degradación alguna (estado natural), valor que se complementa con el 32% que presentan calidad buena (perturbaciones ligeras). En el estado opuesto se encuentran las riberas degradadas con un 31%, que se distribuyen en un 11% con calidad pésima y un 20% con calidad mala. El resto, un 20%, lo comprenden un caso intermedio, las riberas con calidad aceptable.  

Desde hace décadas nuestra relación con los ecosistemas fluviales es cuando menos contradictoria, por un lado pretendemos que continúen cumpliendo su función social, ecológica y económica pero, por otro lado, nuestros usos están superando ampliamente su capacidad de recuperación. De forma que se está perdiendo en muchos casos no sólo riqueza biológica, fuente de recursos, valor paisajístico y potencialidad para el ocio y la educación sino también diversas funciones ecológicas muy beneficiosas.